Hay tanta agonía en mi Divino Corazón

Séptimo Exceso de Amor: Reparar por todos los
latigazos que recibe mi Cuerpo Eucarístico,
por todos los maltratos a mi Divinísimo Corazon
1 Febrero 2009 (11:00 a. m.) dado a Agustin del Divino Corazon.

Jesús dice:

Hijo mío: hay tanta agonía en mi Divino Corazón porque

sufro los dolores místicos de mi Sagrada Pasión. El

Sagrario, que es mi mansión de amor en la tierra, ha

dejado de ser muchas veces mi dulce morada, morada que

se ha transformado en un segundo Getsemaní porque

desde aquí padezco la misma tristeza e igual soledad de

aquella noche lúgubre en que me preparaba para ser

aprehendido como a un criminal. Aquí mi Sagrada cabeza

es coronada de espinas por la distracción y los malos

pensamientos con que algunas almas vienen a adorarme.

Aquí, mis manos y mis pies son perforados con grandes

clavos cuadrados por la crueldad con que soy tratado por

algunos de mis ministros y laicos de mi Iglesia.

Aquí, mi Cuerpo santísimo es flagelado porque muchas

almas me reciben indignamente, almas que beben y

comen su propia condenación.

Aquí, soy crucificado por aquellas almas que hacen de la

fe un negocio, almas que comercializan con los bienes

espirituales para sacar el máximo provecho.

Aquí, mi Sacratísimo Corazón se consume en una sed

devoradora de almas. Almas de corazón acartonado que

muy pocas veces piensan en Mí. Almas que llegan a Mí

buscando al Dios furtivo, Dios que las libra de sus apuros,

y prontamente vuelven a las cosas del mundo y se olvidan

de que Yo existo.

Aquí soy abofeteado por la irreverencia de algunas almas,

almas que me arrinconan como si fuese un objeto

inservible, objeto de poco valor.

Aquí soy insultado, menospreciado, degradado por

muchas almas que se enojan conmigo cuando me piden

algún favor y Yo no se los concedo porque sería

perjudicial para su salvación o porque no estaban en los

planes divinos.

Aquí muchas veces mi Sangre preciosa se pierde porque

no encuentro almas que vengan a adorarla o a recogerla.

Aquí, muy pocas Verónicas limpian mi Sagrado Rostro

empolvado y ensangrentado por los pecados de los

hombres.

Aquí, encuentro muchos políticos como Pilatos o

Herodes, políticos corruptos que se deshacen de Mí con

tal de ser reconocidos y aplaudidos por una sociedad

infame.

Aquí difícilmente hallo Cirineos, almas que libremente

carguen con mi cruz, cruz que lacera mis sagrados

hombros produciéndome profundas heridas y acérrimos

dolores.

Aquí, encuentro muy pocos Juanes (Juan Evangelista),

almas armadas de coraje que estén conmigo hasta mi

descenso, mi desprendimiento de la cruz.

Aquí, llegan algunas almas que son como Judas, almas

que me venden a cambio de intereses mezquinos o cifras

monetarias.

Aquí me encuentro como cordero indefenso rodeado de

muchos lobos que quieren devorarme.

Hijo mío, estos son algunos de los vejámenes y ruindades

que recibo de muchas almas; naufrago en la soledad y

abatimiento en el Getsemaní de mi Sagrario.

Venid pues y reparad en este primer viernes de mes por

todos los latigazos que recibe mi Cuerpo Eucarístico, por

todos los maltratos a mi Divinísimo Corazón.

Limpiad con el lienzo blanco de vuestro corazón las

lágrimas que brotan de mis purísimos ojos y la sangre que

corre a borbotones de mis sagradas llagas.

Haced muchísimos actos de reparación en este primer

viernes. Adorad mis llagas y suturadlas con los algodones

blancos de vuestra oración, oración que ha de cicatrizar

mis heridas, oración que ha de ser bálsamo sanador que

calme mi gran dolor. Oración que ha de ser voz de aliento

para mi Corazón compungido.

Haced muchísimos actos de reparación en este primer

viernes. Adorad mi Divino Corazón y quitad, con vuestro

ayuno y sacrificio, cada espina incrustada por los pecados

de los hombres, hombres creados a mi imagen y

semejanza, pero la bajeza de sus actos los ha deformado.

Hombres con olor mortecino que ha perdido la fragancia

del nardo purísimo.

Hombres que arrastran cadenas de maldición, hombres

que deben volver a Mí para ser perdonados.

Hombres que deben recobrar su dignidad perdida.

Hombres que necesitan sentirse amados, valorados.

Hombres que deben regresar al aprisco de mi Divino

Corazón y ser restablecidos, restaurados.

Hombres que deben purificarse en los Ríos de la Gracia.

Hombres que han de reconocer que existo, que aún vivo,

que permanezco en la soledad de los Sagrarios hasta la

consumación de los siglos.

Alma reparadora del Sagrado Corazón:

Adolorido Jesús mío: heme aquí en vuestro Tabernáculo

con mi corazón compungido porque vuestras palabras han

penetrado en todo mi ser.

Vuestros lamentos retumban en mis oídos.

Vuestras quejas me han traído hacia vos en este primer

viernes de mes para adorar vuestro agonizante Corazón.

Corazón que solo sabe amar, corazón siempre abierto al

perdón. Corazón que es maltratado por muchas almas

obstinadas en el pecado. Corazón coronado de espinas

porque la ingratitud de los hombres os hiere, os entristece,

os abruma.

Agonizante Corazón permitidme reparar por todas las

almas que agudizan el dolor en vuestra Sagrada Cabeza

ahondando, aún, más la corona de espinas; espinas que os

hace sangrar, espinas que os hace mirar hacia el cielo y

exclamar: ¡Abba, Padre! Espinas que son el resultado de

la perfidia de los hombres, espinas que son el origen de

pensamientos concupiscentes, avarientos, explotadores.

Agonizante Corazón permitidme reparar por todas las

almas que azotan vuestro Cuerpo Santísimo con sus

liviandades, con su profanación a la morada del Espíritu

Santo, con su poca preparación para recibiros en vuestras

Sagradas Especies; por la falta de fe frente al Milagro de

los milagros, ya que al veros en la humilde apariencia de

la Hostia consagrada, esto sí que es vuestra invención de

amor.

Agonizante Corazón, permitidme reparar por todas las

almas que agrandan vuestras Sagradas Llagas, almas que

taladran vuestras venerables manos y vuestros adorables

pies con su desobediencia a vuestros mandatos, mandatos

que son leyes de amor que salvan, vuelven al estado de

gracia que un día fue perdido por el pecado.

Agonizante Corazón permitidme reparar por todas las

almas que no calman vuestra ardiente sed, almas que han

de ser agua refrescante en el fuego que os consume.

Agonizante Corazón, permitidme reparar por todas las

almas que os crucifican en el rústico madero de la cruz,

madero que estamos obligados a cargar, madero que es

suave yugo que ablanda nuestro corazón a vuestras

gracias; madero que sobrellevado con amor, sana las

llagas de vuestros hombros; madero que pesa según el

estado de nuestras fuerzas.

Agonizante Corazón, permitidme reparar por todas las

almas que hacen de la religión: comercio barato,

mercancía de exportación que da riqueza, estatus,

reconocimiento.

Agonizante Corazón, permitidme reparar por todas las

almas que no reconocen vuestra verdadera presencia en el

Sagrario, Sagrario que es un anticipo de las delicias del

cielo. Sagrario que es un hermoso jardín, jardín adornado

de un bello lirio perfumado que sois vos.

Agonizante Corazón, permitidme reparar por todas las

almas que no se acogen a vuestra Divina Voluntad, almas

que se enfadan ante vuestro Amor Divino por no

secundarlos en sus caprichos, almas con intereses creados,

almas que creen que la máxima felicidad está en la tierra y

no en las moradas de vuestro Reino Celestial.

Mi buen Jesús os quiero acompañar en el Getsemaní de

vuestro Sagrario, deseo besar y adorar vuestras sagradas

llagas. Llagas que son manantiales de bendición, llagas

que son fuentes de sanación. Sumergiéndonos en ellas,

todo mal tiene remedio, para cualquier enfermedad se

encuentra su cura, para todo tipo de adversidad se

descubre la solución porque son océanos de aguas

purificadoras que nos dan sanidad, vigor, entereza, ánimo

para permanecer siempre a vuestro lado como vuestro fiel

discípulo Juan, discípulo que nunca se separó de vos,

discípulo que no se dejó amedrentar, amilanar; discípulo

que siempre resplandeció por la pureza de su corazón y de

su cuerpo, discípulo que recostó su cabeza en vuestro

pecho y descubrió grandes secretos; comprendió a la luz

del Espíritu Santo: enigmas, misterios divinos; discípulo

que, junto con vuestra Santísima Madre, os tomó en sus

brazos, lavó vuestras heridas con su llanto, os estrechó a

su corazón, así como un día vos le abrazasteis. Quiero ser

como Juan: fiel hasta la muerte. Quiero ser como Juan:

guerrero del Evangelio, guerrero armado con la espada de

vuestra Palabra.

Quiero ser como Juan: caminante ligero de equipaje,

compañero de vuestro martirio, de vuestro sufrimiento.

Hijo amado que no os dejó solo, siempre se mantuvo a

vuestro lado: amándoos y reconociéndoos como a vuestro

Señor

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Acerca de hmgutierrez

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