EL DON TAN GRANDE QUE ES LA EUCARISTÍA

4 de diciembre de 2015

NO APRECIÁIS EL DON TAN GRANDE QUE ES LA EUCARISTÍA DONDE ESTOY REAL Y VERDADERAMENTE

 

Alabado sea (en) el Santísimo Sacramento. Yo, Jesús, os hablo.

Hijos Míos, debéis procurarme adoración y alabanzas en el Santísimo Sacramento del Altar, donde Yo, Jesús, estoy real y verdaderamente presente. Debéis de repararme de tantas y tantas profanaciones como se Me hacen, incluidos algunos sacerdotes que Me tratan peor que si fuera un objeto. Entender (el valor) de este Augusto Sacramento es una gracia muy grande, fruto de la oración y de vivir en estado de gracia, porque muchos creen en ello pero no viven su fe en consonancia con lo que creen. Por tanto, no solo es necesario creerlo sino vivirlo y actuar ante este Sacramento como los Ángeles actúan, adorándome y alabándome. Yo, Jesús, os hablo.

Tenéis el Cielo en la Tierra y lo desperdiciáis y no lo sabéis valorar, porque no apreciáis el don tan grande que es la Eucaristía donde Yo estoy real y verdaderamente con Mi Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad y donde os colmo de virtud divina cada vez que sabéis apreciarme y tratarme en este Sacramento. Pedidme que os aumente la fe en todos los misterios de la religión católica. Tratad de vivirlos y no solo recibirme en la Comunión y ya está. El efecto de la Comunión debe durar todo el día hasta la próxima Comunión, porque recibirme sacramentado es una gracia que no todo el mundo tiene. Por eso quien la tiene que la sepa valorar y apreciar porque es un don que muchas personas quisieran y no lo tienen por razones varias, como enfermedad, ancianidad, profesión o residencia lejana de la Iglesia. Yo, Jesús, os hablo.

Hijos, honrarme en este Sacramento es para vosotros un bien inmenso, porque aunque parezca que no os pasa nada, quien Me recibe en las debidas disposiciones, inunda a su alma de una gracia muy grande que Yo le otorgo como fruto de su disponibilidad, fe y amor.

Yo os espero impaciente para que cada día Me recibáis, y deseo que os beneficiéis del don tan grande que es la Eucaristía, y además, beneficiéis a vuestra familia, difuntos y Cuerpo Místico de la Iglesia, porque todo lo santo y bueno que hagáis, beneficia a otras almas que pertenecientes a la fe católica se benefician del bien que sucede en el Cuerpo Místico. Yo, Jesús, os hablo y os instruyo. Paz a todo aquel que leyendo este mensaje lo cree y lo pone en práctica.

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