VISIÓN DEL INFIERNO SEGÚN TESTIMONIO DE SANTA FAUSTINA KOWALSKA

4 de octubre de 2016

VISIÓN DEL INFIERNO SEGÚN TESTIMONIO DE SANTA FAUSTINA KOWALSKA

Santa Faustina Kowalska, monja polaca canonizada por el Papa San Juan Pablo II vio el Infierno en 1936. Aquí está lo que cuenta en su diario:

 

Hoy fui llevada por un Ángel a las profundidades del Infierno. Es un lugar de gran tortura; ¡qué imponentemente grande y extenso es! Estos son los tipos de torturas que vi:

La primera tortura que constituye el Infierno es la pérdida de Dios; La segunda es el eterno remordimiento de conciencia; La tercera es que la condición de uno nunca cambiará; La cuarta es el fuego que penetra el alma sin destruirla; es un sufrimiento terrible, ya que es un fuego completamente espiritual, encendido por el enojo de Dios; La quinta tortura es la continua oscuridad y un terrible olor sofocante y, a pesar de la oscuridad, los demonios y las almas de los condenados se ven unos a otros y ven todo el mal, el propio y el del resto; La sexta es la compañía constante de Satanás; La séptima es la horrible desesperación, el odio de Dios, las palabras viles, maldiciones y blasfemias.

Éstas son las torturas sufridas por todos los condenados juntos, pero esos no son los únicos sufrimientos. Hay torturas especiales destinadas para las almas particulares. Éstos son los tormentos de los sentidos. Cada alma padece sufrimientos terribles e indescriptibles, relacionados con la forma en que ha pecado. Hay cavernas y hoyos de tortura donde una forma de agonía difiere de otra. Yo me habría muerto ante la visión de estas torturas si la omnipotencia de Dios no me hubiera sostenido. Debe el pecador saber que será torturado por toda la eternidad, en esos sentidos que suele usar para pecar. Estoy escribiendo esto por orden de Dios, para que ninguna alma pueda encontrar una excusa diciendo que no hay ningún Infierno, o que nadie ha estado allí, y que por lo tanto nadie puede decir cómo es.

Yo, Sor Faustina, por orden de Dios, he visitado los abismos del Infierno para que pudiera hablar a las almas sobre él y para testificar sobre su existencia. No puedo hablar ahora sobre él; pero he recibido una orden de Dios de dejarlo por escrito. Los demonios estaban llenos de odio hacia mí, pero orden de Dios tuvieron que obedecerme. Lo que he escrito es una sombra pálida de las cosas que vi. Pero noté una cosa: que la mayoría de las almas que están allí son de aquéllos que no creyeron que hay un Infierno. Cuando regresé, apenas podía recuperarme del miedo. ¡Cuán terriblemente sufren las almas allí! Por consiguiente, oro aún más fervorosamente por la conversión de los pecadores. 

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