VIENE PENTECOSTÉS Y DEBÉIS PREPARAOS PARA RECIBIR AL ESPÍRITU SANTO, ¡QUÉ MEJOR QUE CONMIGO AL LADO!

4 de junio de 2017

Hijos queridos de Mi Inmaculado Corazón. Aquí Me tenéis dispuesta a ayudaros en todo lo que no le quite gloria a Dios y os sirva para vuestra santificación personal. Mi Corazón es purísimo pero no os olvidéis que es el Corazón de una Madre y una madre nunca abandona a sus hijos.

Nadie que se acerque a Mí se verá nunca jamás defraudado, pero hijos, no busquéis solo vuestros intereses sino los de Dios primero, y después los vuestros se os darán por añadidura, siempre y cuando no vayan en contra de la gloria de Dios y de vuestra santificación personal. Yo, María Santísima, vuestra Madre os hablo.

Viene Pentecostés y debéis pedir y preparaos para recibir al Espíritu Santo, ¡qué mejor que Conmigo al lado! Tal y como lo hicieron los Apóstoles, vosotros debéis también acogeros a Mí y refugiaros en Mi Inmaculado Corazón, hoy que es primer sábado de mes y algunos lo celebráis.

Yo pido por vosotros constantemente a Dios porque veo que os cuesta muchísimo subir la cuesta de la perfección, pero ya vuestro esfuerzo e interés os vale y os santifica aunque a veces no avancéis nada en lo que os proponéis. Dios ve las intenciones, el verdadero deseo de querer ser santos y si lo intentáis una y otra vez, y una y otra vez caéis en la misma piedra, a Dios le vale vuestra voluntad y el deseo de volver a intentarlo. La santidad es una labor de días, meses y años, una labor de toda la vida, porque todos los instantes tenéis que santificarlos, no sólo un día de precepto sino todos los instantes. Tenéis que cumplir con la mayor perfección posible con vuestros deberes de estado y profesión. Tenéis que ser caritativos con los de vuestro entorno sin criticaros ni murmurar unos de otros. Hijos, ser santos es una labor de toda la vida, pero no es tan costoso como creéis si ponéis el esfuerzo de vuestra parte y sois fieles a la gracia de Dios. Yo, María Santísima, os hablo.

Si a un niño pequeño que se emplea en andar se cae una y otra vez, no por eso dejáis de amarlo y de ayudarlo a que intente caminar como debe de ser. Lo mismo le pasa a Dios con vosotros. Ve vuestra voluntad sincera de querer mejoraros, de querer vencer tal y cual defecto, y si aun así caéis en lo mismo, no por eso Él os deja de amar, ni tampoco os va a negar la gracia para que lo intentéis de nuevo. Por tanto, hijos, animaos a seguir luchando contra vosotros mismos, vuestros vicios y malas costumbres, al final venceréis con la ayuda de Dios y lo poquito o mucho que pongáis de vuestra parte, y sobre todo, si acudís a Mí, Yo vuestra Madre, no os dejaré. Alabado sea Dios. Yo, María Santísima, os hablo.

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Acerca de hmgutierrez

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